El Way en el Cordón del Plata
Por Carlos Cervigni

El viaje nació como nacen todos los grandes viajes, informalmente, y de casualidad.
Gabriel Guaragna, entrenador del team del Quilmes Way y yo Carlos Cervigni alumno de ese grupo más humano que deportista que formó Silvia Ardiz en la ciudad cervecera. Podría decirse que ella juntó uno de sus profes y uno de sus alumnos y el destino hizo que se trataran de 2 montañistas.
Los 2 sin saberlo teníamos en mente desde hace tiempo recorrer una parte de esa cadena montañosa donde se congregan diferentes cerros de diferentes alturas.

En el Cordón del Plata existen 37 picos que van desde los 3116 metros sobre el nivel del mar hasta los 6050 metros sobre el nivel del mar. Los mas significativos por diferentes razones :son el AgustínÁlvarez (5158), el Lomas Blancas (3659), el Iluso (3850), el San Bernardo (4150), el Stepanek (4180), Adolfo Calle (4260), el Franke (4817), el Rincón (5369), el Vallecitos (5450).
Siendo el amo y señor  el Cerro Plata con diferentes versiones de su altura que van desde los 5986 hasta los 6050.
Este último era nuestro objeto de deseo, ya que yo había estado hace 2 años en el Vallecitos y Gabriel visitó varias veces la zona pero nunca con el tiempo suficiente como para aclimatar lo recomendable.
Y los 2 teníamos motivaciones diferentes , en mi caso me sentía muy bien entrenado por primera vez en mi vida gracias a Silvia Ardiz y había formado junto con grupo de amigos montañistas el grupo con intentaremos cumbre del Aconcagua en Febrero del 2013 y Gabriel ponía en práctica todo su excepcional estado físico que lo llevó a ser campeón argentino de carreras de aventura y profesor del team para intentar conectarse profundamente con la montaña.
Quedaron conformados 2 grupos, por un lado Gabriel y 3 amigos partirían en vehículo desde Quilmes y yo volaría hasta Bariloche para unirme a 3 amigos y viajar a Mendoza, para el sábado encontrarnos en Potrerillos.
Por diferentes razones los grupos se fue desmembrando por diferentes motivos lógicos  (laborales, familiares, etc.) hasta que quedó reducido a los 2 que iniciamos el proyecto (no podía ser de otra manera ya que ambos teníamos incorporado el optimismo Way) más un amigo de Gabriel, Daniel.
Un par de días antes la logística quedó organizada a la perfección con racionamiento de comida, equipo técnico y objetivos.

Partimos los 3 de Quilmes el viernes 16 de Noviembre a las 19 hs en el auto de Daniel y luego de las lógicas escalas habituales, mucha gente en la autopista del Oeste huyendo por el fin de semana a sus casas de descanso, un piquete frente al Posadas, parada a cenar en Junín, dormir 20 minutos en un parador de camioneros, lluvia torrencial en San Luis, llegamos al refugio San Bernardo a 2900 m.s.n.m a las 7 de la mañana del Sábado 17 de Noviembre.
All í nos recibió el refugiero Marcos Gelvez, un personaje de montaña con mil historias y vivencias, muy amigo de Gabriel y Daniel de otras visitas y muy amigo de mis compañeros del Aconcagua, por lo tanto, muy amigo mío también.
Todo el sábado nos hidratamos mucho para vencer al mal agudo de montaña y descansamos todo lo que pudimos, nos esperaba una semana dura.
El Domingo temprano armamos las mochilas con todo el equipo necesario para enfrentar las bajas temperaturas en las alturas (campera de pluma, bolsa de dormir de pluma, aislantes, carpa de alta montaña, crampones para transitar en hielo, piqueta, comida, etc.) a pesar de que partíamos con una temperatura agradable, la misma baja 1 grado cada 100 mts que ascendemos y nuestro desnivel sería de más de 3000 metros.
Partimos con cielo nublado y nuestros músculos fueron tomando temperatura hasta acostumbrarse  a estar con varios kilos en la espalda que repercutía sobre las piernas y en constante ascenso.
Nuestra para a almorzar fue en una pradera llamada Las Veguitas, llamada así por vegas es cuando el agua de deshielo viene bajando formando innumerables riachos con agua que corre generando vegetación abundante que congregaba a vacas, caballos, zorros, guanacos, aves. Una típica pradera florida llena de vida ubicada a 3247 m.s.n.m. donde era un placer descansar luego de la primera hora de subida.
Reiniciamos la marcha para llegar al campamento conocido como Piedra Grande, justamente por tener como punto de referencia una piedra inmensa.
El mismo se encuentra a 3571 m.s.n.m. y allí montamos el campamente donde merendamos bajo un sol esplendido, dormimos una siesta y cenamos con la compañía de un zorro que no tenía nada de miedo. Nuestro cuerpo seguía adaptándose a la diferencia de altura y la hidratación continua colaboraba con el trabajo, pero en la altura es impredecible.
Luego de una bella noche estrellada que invitaba a la contemplación de millones de estrellas debatíamos las opciones durante el desayuno: una opción era subir al siguiente campamento porteando equipo y volver a dormir a Piedra Grande para seguir la premisa de “llegar alto y dormir bajo”, quedarnos todo el día en piedra Grande, o transportar todo el campamento a El salto. Nos decidimos por esta última opción.
Este campamento estaba a 4291 m.s.n.m y se llegaba luego de una larga caminata por un angosto filo que recibía todo el viento de las montañas linderas mientras caminábamos con varios kilos en la espalda
El día era perfecto pero con la pronunciada subida el avance era lento y constante.
A mitad de camino, la lotería de la altura, eso suponíamos, afectó a Gabriel  por lo que Daniel siguió subiendo mientras yo me quedaba a acompañarlo a que se repusiera durmiendo un par de horas.
Reiniciamos la marcha muy lentamente hasta que a escasos 300 mts ya se sintió muy mal y se descompuso. Intenté recordar la básico para estos casos así que le quité la mochila, lo abrigué, lo puse cómodo, comprobé su nivel de conciencia y subí a buscar ayuda rápidamente. En el campamento me encontré con Daniel y con Guille, un guía de de la escuela de Guías de Montaña que conocía y que bajó corriendo conmigo.
Lo revisaron, saturaba bien oxigeno, las pulsaciones estaban perfectas, la auscultación de sus pulmones no reflejó nada así que lo subimos al campamento El Salto.
El lugar es magnífico, es una saliente rocosa desde donde se ve todo el valle hasta la ciudad misma de Mendoza por el frente y a nuestras espaldas teníamos como custodios inmutables al Vallecitos y al Plata.
Ya estar allá justificaba todo el viaje, para mí era reencontrarme con un lugar con el soñaba en Buenos Aires y para los chicos el descubrir un lugar salvaje y bello a la vez.
Desde una piedra al borde del precipicio, único lugar donde  solo un celular muy antiguo como el mío tenía señal, les escribí a las personas que quiero, mi familia y mi amiga Silvia contándoles donde estaba mientras el atardecer caía dibujando una pintura más que un cierre del día.
A la mañana siguiente, el Martes, ante un pronóstico de desmejoramiento climático y por precaución, Daniel y Gabriel, decidieron bajar  y yo me quedé para intentar comprobar mi estado en la altura.
Un plan ideal indicaba quedarse todo un día más entero en el Salto para intentar algunas de las cumbres pero el mal tiempo se acercaba y el no tener noticias de los chicos mediante el vhf que teníamos debido a una pobre señal me hizo acelerar los tiempos.
Descanse, hidraté y comí todo el día y a las 4 de la mañana del miércoles comencé a caminar.
La noche era única, el silencio invitaba a la meditación mientras caminaba y la soledad me conectaba con mi interior mientras mis sentidos se agudizaban pera evitar perderme en un lugar donde nadie pasaría en todo el  día.
Al llegar a la Hollada a 4660 mts, a eso de las 5 de la mañana, el viento anunciado hizo su presencia, me di vuelta y tormentas eléctricas se cernían a lo lejos sobre la ciudad de Mendoza, las piernas reclamaban el día extra de descanso planeado y la idea de tener que volver hasta el refugio con todo el peso mas las carpa me hicieron reflexionar.
La montaña siempre estaría ahí esperándome.
Las conclusiones eran positivas, la aclimatación, acelerada un poco casi había funcionado en los 3, la logística había sido perfecta, el entrenamiento de un año rendía sus frutos, el disfrute de la naturaleza continuaba sorprendiéndome, Gabriel y Daniel estaban contentos con el viaje y yo ya me sentía realmente preparado para Aconcagua.
Me senté en una piedra y 2 nuevas motivaciones comenzaron a alegrar mi espíritu: Abajo me esperaba un rico asado con amigos, el gran Marcos sería de la partida y sus historias de montaña eran imperdibles. Y las mas importante que comenzó a gestarse con un mensaje de texto de Silvia es que ella quería subir una montaña pero la altura la afectaba así que mejor que volver en un tiempo con alguien a quien debía tanto y poner mi poca experiencia para ayudarla y compartir una cumbre con ella.
Comencé a bajar, me cruce con los que salieron a las 5 intercambiando chistes, preparé la mochila, desarmé la carpa, distribuí  la comida que tenía ante sorprendidos y agradecidos montañistas. Me despedí de todos los que estaban en el campamento, habíamos compartido 36 hs pero ya todos estábamos hermanados por la montaña, ese espíritu es el que motiva mis viajes.
Comencé a bajar muy lentamente con 25 kilos y casi una torre en mis espaldas, preguntándome cuando llegaría a la base. Hasta que un montañista me alcanzó y hablándome y alentándome hizo que la eterna y larga bajada se desarrollara rápidamente.
En las veguitas lo abandoné para descansar y no retrasarlo más y disfruté de esa pradera de ensueño.
Cuando comencé a caminar, la niebla y el mal tiempo avanzaba, era tenebroso y excitante a la vez, como si me encontrara dentro de un libro de Tolkien.
En la bruma escucho que gritan mi nombre, los delirios a esa altura no son habituales pero nunca se sabe. Agudicé la vista y una silueta borrosa que corría por la campiña se acercaba.
El moribundo de hace unas horas volvía a ser el atleta que acumulaba trofeos y mientras entrenaba por unos desniveles demoledores veía a ayudarme con la pesada mochila. Gabriel estaba totalmente recuperado.
En el Refugio San Bernardo nos esperada una buena ducha, unos buenos mates y un asado lleno de anécdotas con amigos: Aguirre alias Relincho, un francés parapentista llamado David, el gran Marcos y mis 2 grandes amigos de la montaña Gabriel y Daniel

Todo gracias a la montaña y al Quilmes Way

Carlos Cervigni