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Un día en las Sierras de los Comechingones
Por Mariano D. Romero

El reloj tiró las 11:30 a.m. en Cortaderas, y con los amigos del Quilmes Way, Sil; Cosita; Marcela y Adriana, salimos a entrenar hacía las sierras de Comechingones, cerquita de la cabaña donde parábamos en el pueblo de Villa Elena, Cortaderas.
Linda mañana templada y con sol, queríamos llegar hasta el árbol donde en Octubre del año pasado el team enterró uno de los testimonios de Expedición Bicentenario.

Caminamos y trotamos por un sendero de piedras sueltas no muy empinado, desde arriba se veían muchos picos de otros cerros con poca vegetación y mas abajo un río bastante seco que dejaba ver su lecho de piedras color ceniza (luego sabríamos que se llama "el talar"), en la base de la mayoría de los cerros veíamos unos montes de árboles bajos pero muy tupidos que continuaban hasta la base de las sierras y allá a lo lejos una laguna de color azul con una forma muy particular ("el lago azul").El grupo de cinco se dividió en dos, adelante quedamos Sil, Diego "cosita" y yo, mas atrás venían Marce y Adri que nos alcanzaron cuando ya habíamos llegado al árbol cerca de la una de la tarde.


Después de comer algunas frutas, turrones, hidratarnos y acusar de pedorrear en broma a las chicas, seguimos hacía adelante, queríamos llegar hasta un refugio propiedad del finado Pablito Pérez, que estaba a una hora mas de trekking desde el árbol. Según el dato que teníamos de Mariel (dueña de la cabaña donde paramos)


De nuevo Sil, Diego y yo nos adelantamos dejando a Marce y Adri atrás a mas o menos media hora de distancia, siguiendo un mismo sendero, pasamos por varías pircas de diferentes tamaños donde sacamos algunas fotos, también atravesamos un grupo de vaquillonas que pastoreaban en una pradera muy verde y con flores de color blanco y otras de color rojo muy pequeñas, el paisaje cada vez era mas bello, a lo lejos ya cerca de las dos de la tarde, divisamos el refugio que estaba del otro lado de una construcción muy antigua de piedra donde el sendero se terminaba.
Me adelante corriendo alejándome de Sil y Diego y del sendero,  y antes de acercarme al refugio que estaba construido de piedra con techo de chapa y lona, descubrí un arroyuelo de agua cristalina que custodiaba el refugio abandonado, era una hermosa postal.
Aprovechamos el agua que corría y desde una “canilla” natural llenamos las caramañolas y mi camel, Diego aprovecho el regalito de la sierra, e improvisó una ducha rápida para refrescarse, ya estaba haciendo algo de calor, y quedo empapado.

Nos quedamos unos minutos sentados al borde del arroyito y como las chicas no aparecían, nos dispusimos a pegar la vuelta y conectar con Adriana y Marcela, salimos caminando tranqui, riéndonos y hablando de dios sabe que cosa, quizás distraídos, quizás le caímos demasiado bien a la montaña y no quiso largar, pero la resultante es que a una hora ya, de haber salido del arroyito no encontrábamos ni el sendero ni a nuestras amigas, también desconocíamos el lugar, ya no veíamos ni el refugio, ni el agua, ni las vaquitas!
Nos quedamos un rato quietos, tratando de ubicarnos en la geografía y también gritando “Way, Way!” mientras que yo hacia sonar el silbato de mi mochila, con la intención de que nos oigan las chicas, pero nada… Solo escuchábamos el eco. Si, a las tres de la tarde, estábamos oficialmente perdidos!


El equipo que habíamos llevado era bastante escaso, algunas cosas solo para aguantar unas horas de trekking en un cerro “donde era imposible perderse”: Una mochila de hidratación de dos litros, tres caramañolas, algunas manzanas, unos turrones y bocaditos “holanda”, nada mas!
No teníamos celulares ni ningún otro equipo de comunicación.

Seguimos caminando tratando de reconectar con el sendero, pero no había caso, subíamos y bajábamos, nos acercábamos a los filos, tratábamos de usar puntos de referencia, el río, el lago, la ciudad… Pero nada… Nada… Parecía que los espíritus de los “barbudos” Comechingones nos estaban jugando una mala pasada.
Cerca de las cuatro de la tarde, encontramos otro grupo de vacas pastando cerca de un arroyo, en ese momento vimos dos opciones, bien remontábamos el  curso agua arriba con la posibilidad de volver al refugio de Pablito Pérez o seguíamos el curso aguas abajo con la esperanza de que nos saque de las sierras hasta el pueblo de Villa Elena en Cortaderas, por elección democrática decidimos ir aguas abajo, al principio el camino era muy fácil un suelo con una vegetación muy incipiente e irregular con algunas piedras sueltas, bastante llano que bordeaba un curso de agua escueto y tranquilo.

A medida que avanzábamos, el paisaje que nos rodeaba era cada mas bello, grandes piedras color ceniza con mancha verdosas, un caudal de agua tranquilo que iba bajando, encajonado por paredes con pastos y vegetación baja que se ponía cada vez un poco mas espesa, a medida que la vista embellecía la dificultad también aumentaba, se formaban piletones de agua de unos treinta a cincuenta centímetros de profundidad, con agua cristalina y en algunos casos de tonos azules y pequeñas cavidades naturales entre las piedras de donde asomaban plantas. Íbamos caminando entre las piedras, y muchas veces tuvimos que saltar de un punto de apoyo a otro bastante jugados y ayudándonos entre si, a veces directamente teníamos que sumergir nuestras piernas en el agua, que por cierto estaba bastante fría! De todas formas, Sil y yo veníamos divirtiéndonos bastante, hasta hicimos que cosita nos sacara algunas fotos, pese a su postura de seguir caminando y no perder tiempo, pero igual lo convencíamos y nos sacaba…

Así anduvimos por aproximadamente dos horas, bajando y bajando por ese cañadón húmedo, sinceramente luego de las dos horas, ya me sentí bastante cansado, había que hacer mucha fuerza con los brazos y las piernas, para ir pasando de piedra en piedra para avanzar, en algún momento dude si iba a poder seguir, pero me distraía con lo lindo del lugar.

La dificultado del terreno aumentó tanto que llegamos hasta una pared de piedra de casi noventa grados, era un precipicio que no se podía bajar sin equipo, así que no nos permitió avanzar mas! El ánimo en ese momento decayó un poco ciertamente…
Otra vez a tomar una decisión y de nuevo dos opciones, podíamos volver hacia atrás, significaba retomar todo el camino de rocas, pero esta vez subiendo lo que implicaba gastar muchas energías, la otra era subir por un lateral del río, sobre el precipicio al filo de un pico de las sierras y observar para ver un poco mejor la ubicación, que creímos lo mas acertado. A subir! Era una cuesta bastante empinada repleta de pastizales y yuyos con espinas, que empecé a subir en ese momento muy rápido dejando a Sil y a Diego atrás, pese a que estaba ya muy cansado las ganas de salir de esas sierras y llegar a la cabaña antes de que oscurezca me hicieron sacar fuerzas no se de donde, brotó un estado adrenalínico que me hizo llegar al pico mas rápido que los bomberos, subía y subía como loco, sacando piedras sueltas, haciéndolas a un lado para que no fueran obstáculo para cuando pasaran Sil y Diego.

(A esa altura del día Dieguito ya había empezado a putear bastante!)
Ya arriba los tres, empezamos a observar el entorno, y las esperanzas de llegar al filo y ver un sendero se desvanecieron instantáneamente, lo único que veíamos eran varios otros picos mas altos y todos iguales, con poca vegetación, pero ni sendero, ni otras personas, ni refugio. En ese momento el día se nubló y empezó a soplar un viento bastante fuerte que hizo que Diego y yo nos pusiéramos las camperas rompevientos, no así Silvia que se la bancó en remerita, claro lo que pasaba era que Diego y yo estábamos mojados, porque nos habíamos metido varias veces en el agua cuando veníamos bajando por el río, no así Silvia “la cabrita” Ardíz que tenia la particular virtud de caminar por piedras incaminables, pero no se mojó nunca!


Allá a la distancia y bastante abajo el riacho que bajaba hacia el precipicio y por arriba, picos y mas picos de sierras… Malas noticias, seguíamos muy perdidos y el tiempo pasaba.Fijamos un punto de referencia, un pico cercano, que la verdad fue un punto de referencia azaroso que decidimos alcanzar, empezamos a caminar sin rumbo claro, y de nuevo subíamos y bajábamos sobre un terreno bastante irregular con muchas piedras de punta pero por suerte con vegetación enana, sinceramente no se cuantas veces llegamos a pequeñas cumbres de rocas, perdí la cuenta, pero aseguro que fueron muchísimas!

Hasta que allá a la distancia, de nuevo un grupo de varias vacas pastando, pensamos que estábamos de nuevo en el punto de partido ya que las ultimas vacas que habíamos visto estaban cerca del refugio de Pablito Pérez, así que sin vacilar encaramos hacía las vacas, que infelizmente cada vez que nos acercábamos empezaba a huir, inocentemente pensábamos que las vacas nos iban a llevar a un corral o un lugar de encierro donde podría haber personas, pero al pasar aproximadamente una hora llegamos a la conclusión de que las vacas, y perdón por la expresión, se cagaban de risa de los tres porteños y nos pasearon siempre por el mismo lugar! Claro, las vacas se asustaban de nuestra presencia y no es que nos guiaban a un lugar sino que trataban de escapar hacía cualquier parte con tal de alejarse.

Ya eran las 19:00 Hs. y nos pusimos serios, nos sentamos unos instantes los tres en unas piedras grandes cercanas a un borde, comimos una manzana y bebimos algo de agua que nos quedaba. Estábamos bastante cansados los tres y Silvia propuso algo que en ese momento fue lo mas lógico, bajar, como sea pero bajar, por algún lugar, ya que a la distancia veíamos el río el talar que bajaba hacía el pueblo de cortaderas, sabíamos que allá abajo al frente nuestro estaba el pueblo y la ruta uno, así que como fuera posible teníamos que encarar con ese rumbo y tratar de llegar al llano antes de que oscurezca, esa era la meta.

Elegimos un borde sin tanta pendiente y empezamos a bajar, al principio la dificultad era baja, pero a medida que empezamos a bajar la leve cuesta se convirtió en casi pared, con muchos pastizales, yuyos y piedras sueltas, que nos obligaba a bajar culo a tierra, tomarnos de los pastos para no caer y ser muy cuidadosos, bajando en diagonal pisando con muchísimo cuidado ya que muchas de las piedras que pisamos cayeron hasta abajo, abajo era un larguísimo monte de color verde intenso de unos cuantos kilómetros de extensión en ancho y largo que veíamos a unos cuantos metros de distancia de la pared que veníamos bajando.

La verdad es que bajar por esa pared a mi me costo mas que a nadie, ya que debo confesar mi temor a las alturas y que me alteró bastante exponerme a ese riesgo, lo sufrí muchísimo, pero no emití ningún tipo de comentario, no quise nunca preocupar a Sil ni a Diego para no ser una carga extra, pero la pase bastante, bastante mal!!! Lo único bello que puedo contar de esa etapa son los ricos aromas de los yuyos que había, aromas a menta, peperina, poleo, carqueja y otras que daban ganas de hacerse un té y un hermoso atardecer ya que estábamos bajando por el lado oeste de las serranías y veíamos ocultarse al astro rey.
Diego ahí encaró como loco y se puso adelante, al medio Silvia y atrás yo que venia mas lento y re concentrado en el descenso.

Varios minutos después (unos treinta que para mi fueron 4 horas!) llegamos al inicio de un bosque serrano compuesto en su mayoría por arbustos, pino de cerro, hierbas medicinales, espinillos muchos espinillos! El suelo era bastante húmedo de tierra negra y varias piedras sueltas, no había un sendero, y así que acá si cabe como dijo el poeta, caminante no hay camino, se hace camino al andar… Al trabajo, Diego siguió adelante y empezamos a caminar por el bosque, a medida que avanzábamos veíamos perdices que salían volando asustadas por nuestra intrusión en su hábitat, ya eran pasadas las 20 y la luz había disminuido bastante, pero la dificultad era extrema, cantidad de arbustos muchos quemados o podridos, raíces por doquier, espinas, unas plantas que a modo de liana salían desde abajo y nos enredaban los pies o las manos, haciéndonos caer sobre el suelo con piedras y espinas, sumado que la pendiente era bastante importante aún, tanto que muchas veces tuvimos que bajar sentados al estilo “culí patín” pero el “culi” no era de plástico, era el nuestro original!

Al rato lo único que faltaba, que era? Lluvia, si, el cielo se cerró y la tormenta que una hora atrás habíamos visto a la distancia hacía el oeste estaba ahora sobre nosotros, se largó bastante fuerte pero por suerte no hacia frio, y seguíamos bajando cada vez mas rápido tanto que por momentos nos perdíamos de vista entre nosotros, esto se daba también por lo espeso de la vegetación, lo inhóspito y la falta de luz. Varios fueron los golpes contra troncos de árboles, caídas contra el suelo de lleno al romperse alguna rama de la cual nos tomábamos, varios los pozos que no vimos, las magulladuras y cortes sangrantes en las piernas y brazos por las espinas.

Se hizo de noche aproximadamente a las 21:00 Hs. La lluvia había cesado y la noche no era tan oscura, ya casi no nos veíamos pero queríamos bajar, a lo lejos (pero no tanto) a unos cuantos kilómetros abajo se dejaban ver a veces, las luces del pueblo como puntitos luminosos amarillos que se confundían con las luciérnagas que plagaban el bosque, y momentos antes aún con claridad, habíamos divisado también una residencia de tejas rojas, pero bastante alejada y mucho mas abajo.


En un momento no nos vimos mas entre nosotros, entonces me acordé que dentro de mi camel back, de casualidad tenia una luz de un led para bicicleta de color rojo, la cual le pusimos a Diego en su mochila para no perderlo de vista y nos siga guiando, pero llego un momento que tuvimos que usar el led de linterna porque la oscuridad ya no nos permitía ver mas allá de un metro, y mínimamente con esta luz apreciábamos el terreno, ya que el riesgo era encontrarse con un desnivel muy pronunciado o precipicio que nos provocara un grave accidente. Pero queríamos seguir bajando si o si, muchas veces hasta cuerpo a tierra por debajo de matas con espinas sobre piedras de puntas que nos rompían las ropas y las mochilas, que se clavaban en nuestras manos, brazos y piernas o se metían por dentro del calzado, hasta en un momento Diego pasó agachado entre las plantas, por encima de una serpiente de color marrón como si nada,
la adrenalina estaba en su dosis máxima y el objetivo era lo único que importaba: Llegar al llano. Un fuerte golpe sobre el rostro de Silvia contra un tronco que cabeceo al estilo Martín Palermo y que la hizo marear bastante y una caída

de Diego sobre un desnivel importante con piedras que lo hizo caer al estilo “burrito“ Ortega (pero cuando sale de movida nocturna y toma mucho Fernet), sumado al cansancio mental y el stress que estábamos pasando, nos hizo tomar la mejor y mas lógica decisión: Parar! Si, debíamos parar y pasar la noche allí, ya que avanzar era imposible, el camino se había cerrado completamente, el bosque a este nivel de la serranía, era un monte de arbustos impenetrable con muchísimas espinas y cortaderas, un símil sendero que habíamos encontrado que parecía bastante abierto y lindaba con un alambrado que nos había esperanzado, se perdía entre los arbustos y un árbol caído, otra vieja construcción de piedras como pircas que pensamos era un refugio era solo una vieja y baja toma de agua en desuso quien sabe hace cuantos años….


Los viejos brujos de los montes ya habían tomado una decisión por nosotros: Nos querían abrazar en su noche y de nada servía que pusiéramos resistencia.  Ahora solo buscábamos un improvisado refugio para pasar la noche, vimos unas matas bastantes cerradas pero empezaron a escucharse truenos muy fuertes y relámpagos, sobre las ramas secas de árboles casi sin hojas que se movían en las alturas a causa del viento, así que decidimos seguir buscando, ya que las matas no nos protegerían del agua que iba a caer, me puse la luz de led entre los dientes para tener las manos libres, y camine delante del grupo, encontramos un arbusto bastante tupido, con raíces grandes pero sobre terreno en pendiente, de todas formas ya estábamos agotados física y mentalmente y allí nos quedamos, primero nos sentamos sobre el tronco y las raíces, luego nos venció el cansancio y nos recostamos sobre el suelo, por mi parte entre en un estado de somnolencia tal que me resulta difícil recordar, pero entiendo que empezó a llover bastante fuerte, entonces Diego propuso cambiar a otro lugar porque nos estábamos mojando bastante, así fue que de nuevo nos levantamos y caminando un rato casi a ciegas, elegimos esta vez un pino de cerro que no estaba tan seco, como la mayoría lo estaba, y el terreno debajo de este era bastante llano y aceptable.

Me acerque al pino y como pude retire algunas plantas y yuyos que rodeaban la base y desmalecé para poder recostarnos allí, el tronco del pino no era de mucho grosor pero tenia un curvatura tal que nos servía de protección a los tres, nos sentamos uno al lado del otro yo apoyado sobre el tronco, Silvia en el medio y Dieguito en el otro extremo, nos colocamos las capuchas de las camperas rompevientos por encima de las gorras de running, salvo Diego que su campera Salomon no tenia capucha y tampoco tenia gorro, así que le preste un wind stopper colorido, que tenia en mi mochila de casualidad, para que se cubra la cabeza.

Luego nos relajamos, Silvia tenia un turrón de maní pequeño en su mochila que supo cortar en tres y nos dio un bocadito holanda a cada uno y esa fue nuestra cena, gracias Silvia!
Después de cenar a “pico seco” ya que ninguno tenia ya agua en las caramañolas ni yo en mi mochila de hidratación, nos recostamos nuevamente como habíamos hecho en nuestro refugio anterior, no teníamos frío hasta que nuestros cuerpos empezaron a enfriarse y empezamos a tiritar, fue ahí entonces que nos abrazamos los tres a modo “cucharita” pero doy fe que lejos estaba de lo romántico, pero si del instinto de sobrevivir, porque sabíamos que así generaríamos un efecto térmico por conducción entre nuestros cuerpos, primero un poco con timidez, pero al rato ya perdí la timidez y no importaba mas nada, ni siquiera el olor que teníamos por haber hecho actividad física todo el día desde temprano, que no era precisamente a jazmines del aire o al “axe temptation“.

Relajados y manteniendo bastante el calor logramos dormitar algo, pese a que Silvia estaba temblando bastante por el frío y calculo que también por el stress de haber liderado todo el día al equipo como una leona, la abrazamos bastante fuerte y por momentos lográbamos que descanse algo.


La noche del monte, mas allá de la situación que estábamos pasando, era inquietante, asombrosa, los aromas de las hierbas con la mixtura de los sonidos de los pájaros de hábitos nocturnos, los grillos, las luciérnagas escondidas entre las matas, y el canto del viento encajonado en las quebradas. Mi fantasía también de la presencia cercana de algún puma americano, que sabia habita la zona en bastante cantidad pese a estar en extinción, esto me daba una sensación de estar viviendo una experiencia única y hermosa, excitante y a la vez bastante riesgosa, no creo que muchas personas tengan la oportunidad de pasar una noche en un bosque serrano con montes de pinos y espinillos donde habitan variedad de especies autóctonas.
Descansamos y dormitamos como pudimos, abrazados, temblando, revisando la hora de mi reloj con luz a cada instante, preocupados también por Marcela y Adriana, ya que no teníamos la certeza si habían regresado a la cabaña
y pedido ayuda o bien siguieron avanzando y también se perdieron…
A las 4 a
m, el cielo puntano cumplió con sus amenazas y una lluvia copiosa y bastante fría se lanzo sobre el bosque sin compasión.



Esto nos obligó a sentarnos para tratar de guarecernos mejor debajo del pino, pero de todas formas nos empezamos mojar bastante, y los temblores volvieron.

Continuamos de todos modos abrazados sentados y pusimos las mochilas sobre nuestras piernas para protegerlas de la lluvia, ya que los tres traíamos puesto calzas cortas de running y no teníamos protección de las rodillas hacia abajo, los píes, las medias y el calzado estaban completamente mojados y esto no nos ayudaba para nada. De ahí en mas el tiempo no nos pasaba mas, el deseo de que amanezca y poder seguir caminando era muy grande, estábamos completamente mojados, con frío, sed, temblorosos, cansados y con dolores a causa de las piedras que ejercían presión, sobre las partes de nuestros cuerpos que se apoyaban en el suelo. Necesitábamos movernos!


Dieron las 4:30, las 5, las 6; 6:30 seguía lloviendo y no amanecía, Silvia recostada sobre mi hombro temblando y Diego del otro lado también recostado con la cara tapada totalmente con el wind stopper y yo había empezado a mirar hacia el este casi fijamente para ver si aclaraba.
Finalmente a las 7:00 dejó de llover y se declaró el día! Desperté a los chicos y nos dispusimos a movernos y reanudar el trekking. Estábamos bastante enteros los tres, al movernos revivimos, se nos fue el frío, tomamos color en nuestras caras, estábamos sin dolores musculares ni calambres, y pese a que no habíamos tomado agua en 12 horas, durante el día anterior nos hidratamos mucho así que esto nos ayudo muchísimo.

Emprendimos el regreso y grata fue la sorpresa al dar solo unos pasos y encontrar un sendero con marcas de pisadas de caballos y bosta que bajaba hacía el oeste! Si, encontramos un camino, muy cerca de donde habíamos pasado la noche, claro que con la oscuridad fue imposible encontrarlo la noche anterior. Este camino tenia apenas unas cuestas pero siempre volvía a bajar y era paralelo a un alambrado de división de lote de algún campo y también de un canal de agua de riego construido con piedras de la zona, esto para mi fue una gran alegría ya que era indicador de alguna actividad o presencia humana en la cercanía, unos kilómetros mas de sendero y encontramos una tranquera con candado, pero el sendero continuaba paralelo a la tranca, otra vez las dos alternativas: Continuar por el sendero en paralelo o saltar la tranquera y meterse en el campo privado a jugársela y encontrar algún casco de estancia.

Votos de mayoría: Saltar la tranca y seguir por el campo. Así fue que entramos al campo y llegamos al lecho de un río casi seco, era aquel río que muchas veces desde las puntas de las sierras veíamos muy abajo, buenas noticias porque este río pasaba por los pueblos en las cercanías de Merlo! Continuamos por un camino en paralelo al río y encontramos el casco de la estancia, lamentablemente estaba abandonado. Pero momentos antes habíamos visto un molino a la distancia, que no estaba en el casco que encontramos, así que bajamos a través del casco encarando hacía el río, saltamos otra tranquera y vimos que el molino era parte de un complejo hotelero que estaba del otro lado del río, con vehículos estacionados alrededor, ahí recién supimos que nuestra travesía había terminado, ya eran pasadas las 8:30 de la mañana.

Cruzamos el río que estaba bastante seco, caminando por un lecho húmedo de rocas color gris claro y donde apenas había un pequeño curso con mínimo caudal que bajaba desde las serranías. Llegamos a otra tranquera y ya estábamos adentro del complejo, donde dos pintorescos pero poco hospitalarios caballeros, pasajeros del complejo, nos recibieron y al explicarle todo lo que habíamos pasado, solo respondieron que estábamos en “los molles” una localidad cercana a Merlo y a unos 10 Km. de cortaderas que es de donde habíamos salido el día anterior y estaba nuestra cabaña. Nos recomendaron hablar con la dueña del lugar, así lo hicimos y la señora muy cordial pero a la vez muy asombrada por la historia,

nos recomendó acercarnos a la ruta y esperar unos remises que cada tanto pasaban y llevaban gente desde los campings de la zona hasta los pueblos, así lo hicimos y con la suerte de que apenas asomamos, un viejo Peugeot 504 color bordó, se detuvo y a cambio de 40 pesos nos llevó muy amablemente a la cabaña en Villa Elena, Cortaderas.
No voy a olvidar nunca mas las caras de alegría de Dieguito sentado adelante y la sonrisa de Silvia a mi lado en la parte de atrás del auto mientras viajábamos a la civilización!


Al llegar nos recibió Marcela lagrimeando a los abrazos y besos luego Adriana con mucha cara de preocupación que se iba desdibujando de apoco y transformando en expresión de alegría de vernos vivos!

Luego nos contaron que a las 22 de la víspera, había alertado a la policía del pueblo y que el Intendente, el Comisario, vaqueanos y el Jefe de los Bomberos Voluntarios de Cortaderas habían organizado un equipo mixto de 20 rescatistas a píe y a caballo que salieron a las 4 de la mañana a buscarnos en las sierras. Así que rápidamente les avisaron de nuestra aparición para que se suspenda la búsqueda.

Luego del aviso, los policías, los vaqueanos y los bomberos todos quisieron pasar a conocernos y saludarnos, todos pasaron por la cabaña y varias veces tuvimos que contar esta historia y agradecerles a cada uno por la bendita predisposición y desinteresado accionar servicial que tuvieron con nosotros sin pedir nada a cambio, ojala todos tuviéramos el corazón de todos ellos…

Mariano Romero
Febrero 2012